Aullando con los lobos

Mi boceto matutino de hoy muestra a un lobo aullando, y no es casualidad. El aullido del lobo ayuda a la manada a reafirmar sus vínculos, y permite que los individuos que se encuentran lejos se mantengan en contacto con el resto del grupo.

lobo aullando 1 baja

Las personas que compartimos cierta sensibilidad ante nuestro patrimonio natural también deberíamos lanzarnos un aullido de vez en cuando. Los que defienden intereses egoístas y a corto plazo generalmente demuestran una capacidad envidiable para hacer una piña en torno a sus “reivindicaciones”. Pero los que buscamos preservar esa naturaleza (que al final les va a alimentar a ellos igual que a nosotros), a menudo tenemos una sensación de derrota anticipada que nos mantiene demasiado inactivos y aislados. Pero muchas cosas dependen de que seamos capaces de sintonizar la misma “frecuencia de aullido”.
Hoy en día, la crisis económica parece la excusa perfecta para dejar de lado muchas cosas importantes en favor de otras que parecen más urgentes (pensemos, sin ir más lejos, en lo que ha pasado con la ciencia en este país…). Pero si las consecuencias del pinchazo de la burbuja inmobiliaria nos parecen duras, entonces apenas estamos preparados para enfrentar lo que vendrá cuando se pinche otra burbuja mucho mayor: la burbuja ambiental. De hecho, no hay que esperar a un futuro apocalíptico para ver las consecuencias de ese pinchazo, que ya empezó hace tiempo: bastaría con mirar un poco más allá de la cúpula protectora en la que nos envuelve nuestro entorno hiper-tecnológico.
El movimiento conservacionista sabe por experiencia que “meter miedo” a la población es un arma de doble filo, sobre todo porque el miedo a las consecuencias de la destrucción de la naturaleza tiene que enfrentarse a un rival poderoso: ¡el miedo al cambio!. Mucha gente ve el conservacionismo como un movimiento que nos va a quitar comodidades sin darnos nada a cambio.
En mi modesta experiencia, el contacto con la naturaleza salvaje me ha dado un don muy difícil de encontrar en otras fuentes: libertad. De vuelta en casa despues de estar inmerso en los sonidos, olores e imágenes del mundo natural, muchas cosas que se me antojaban ineludibles de repente dejan de serlo. Y una de ellas es la continua incitación a la competencia que se nos hace desde casi cualquier foro al que nos asomemos. Vivir en un “pique” continuo convierte a la sociedad en ese proverbial río revuelto del cual los pescadores sacan su ganacia. Todo político oportunista sabe que, cuando se agotan las cosas que se puedan prometer, siempre hay un recurso para poner a la gente de su lado: ¡ofrecerles un enemigo!. Hoy en día, el lobo es uno de esos enemigos.
Sin embargo, el lobo sólo es un chivo expiatorio. El enemigo que se quiere hacer odiar es la naturaleza en su conjunto, como si fuese ella la que se empeña en limitar nuestras ambiciones personales. El político que ofrece la cabeza del lobo a sus votantes les está ofreciendo mucho más: la cabeza de la Madre Tierra entera. Les ofrece el sueño insensato de una explotación indefinida y sin consecuencias de todo lo que crece sobre el planeta. En resumen, les ofrece ser beneficiarios de la burbuja ambiental.
Ya nos han ofrecido antes una burbuja. Todos tenemos un cuñado que nos decía “¿tú eres tonto, ahorrando tu dinero en un banco? ¡compra pisos, hombre, aunque te tengas que endeudar durante décadas, porque NUNCA bajarán de precio!” Y vaya si bajaron. Las personas que hoy nos ofrecen el señuelo de la impunidad ambiental están haciendo lo mismo. Están apelando a la miopía que nos impide ver a medio, y no digamos a largo plazo.
Pero yo no soy partidario de convencer mediante el miedo. Prefiero invitar a quien quiera escuchar a darse un largo paseo por el bosque o la montaña que le quede más cerca. Con el suficiente silencio para escuchar la banda sonora de la naturaleza. Y por una vez, sin la pretensión de arrebatarle nada al monte: ni venados, ni perdices, y ya puestos, ni setas. Simplemente esperar a ver qué nos dice. Si tenemos muchísima suerte podríamos escuchar un aullido lejano, que nos puede helar la sangre y ponernos de vuelta en nuestro lugar. Y a partir de ese momento seremos un poco menos maleables. Menos vulnerables a quien nos quiera vender un enemigo que no es el nuestro. Y un poco más conscientes de que la naturaleza sigue siendo nuestra madre, la única capaz de darnos todo lo que necesitamos. Lo malo es que ella no se va a molestar en vendernos ese mensaje. Ese mensaje está “encriptado” en forma de aullido. El que tenga oídos para oír, que oiga.

En serio, ¿todavía no has firmado contra la matanza de los lobos? No hay problema, todavía estás a tiempo…

http://www.change.org/p/prevent-the-massacre-of-190-wolves-in-castilla-y-le%C3%B3n-and-asturias

Posted on 09/10/2014, in Uncategorized. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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